lunes, abril 25, 2005

Vivir al Máximo

Un pensamiento, reflexionar, meditar, romper con la rutina diaria, orar, estar en contacto con la naturaleza, amar, oír, cuidar, sonreír, ser optimista, escuchar y ayudar, pueden ser algunas acciones que a mi criterio, nos pueden ayudar a vivir un poco más felices. Todo esto, para los que somos católicos, puede quedar resumido en “vivir como Jesús”.
La vida está hecha de pequeñas acciones, las cuales siempre tienen alguna reacción. Entonces, si sabemos que absolutamente todo beneficia o perjudica, a largo, mediano, corto e inmediato plazo, sería bueno que antes de hacer cualquier cosa pasemos por unos instantes de reflexión para cuestionarnos si lo que estamos haciendo ¿me beneficia o me perjudica? ¿Perjudica a alguien ajeno a mí? ¿Beneficia a alguien ajeno a mí? ¿Es un acto digno de una criatura que tiene imagen y semejanza de Dios? ¿Me acerca más a Dios? ¿Me aleja más de Dios? ¿Si mi familia me viera, estaría orgullosa de esto que voy a hacer? Y si nos damos cuenta que causamos beneficios y no hay perjudicado alguno, entonces debemos actuar. Pero ¡qué difícil es hacer esto! Porque es entonces cuando nos damos cuenta que muchas cosas que vamos a hacer, sería mejor no hacerlas.
Es maravilloso cuando alguien te regala una sonrisa, cuando alguien te agradece algo, cuando te dicen “te quiero”. Todas estas señales son algunas de las consecuencias que ocurren cuando antes de actuar hacemos el análisis ya mencionado. Son consecuencias que hacen la vida más amigable, más feliz. Somos seres sensibles, y gracias a ello, hemos podido hasta ahora sobrevivir en un mundo lleno de dificultades.
Todos los hombres, buscamos de manera inexorable llegar a la felicidad o, cuando menos, pretendemos que en nuestra vida ocurran algunos pequeños destellos capaces de iluminar nuestra existencia y desterrar a las tinieblas que parecen apoderarse de lo cotidiano. Pero esas tinieblas no son hijas del sufrimiento ni de la tristeza, porque mientras más profundo cave en nuestro ser la tristeza, más capacidad tendremos para llenar ese pozo de alegría, la hija menor de la felicidad.
La alegría, como hija menor, es la más consentida, la más inmediata al ser humano, el cual la goza al máximo cuando la posee. La alegría está atenta al llamado de los hombres ebrios y viciosos, los hombres mediocres, pero no tarda en darse cuenta que está siendo utilizada, que al acudir a ese llamado está siendo falsa. Sabe que si se queda con ellos, perderá su inmortalidad. Entonces rápidamente se retira y deja su lugar a la amargura, a la soledad, al olvido. La alegría se va con los hombres llenos de paz y armonía, con los hombres buenos, sobrios y reflexivos, y se queda ahí, porque sabe que esos hombres van de la mano de Dios y la alegría decide convertirse en el calor de la unión de esas manos.
El hombre, que entre su mano y la de Dios alberga a la alegría convertida en calor, la utiliza como fuerza motivadora diaria. La hace parte de su vida y también involucra a la reflexión, a la sonrisa, al optimismo y a todos esos actos hijos de la felicidad para lograr así vivir como Jesús. Se arma de valentía para ver más allá de las próximas paredes, proyecta su pensamiento y rompe el horizonte (que para los hombres mediocres es sólo algo hermoso que se ve a lo lejos) sabe que si no hace nada por el mundo, por su vida y por la del prójimo, nadie más lo hará. Sabe también que eso va a ser lo más difícil que haya intentado hacer, pero sabe también que Dios lo ha tomado de la mano y que su fuerza motora es la alegría, que ahora se está convirtiendo en fe. Y aunque sus primeros intentos sean fallidos, no desistirá y será entonces cuando la felicidad le de a conocer a su hija mayor: la fe.
Entonces, el hombre con la fe, la alegría, la sonrisa, el coraje, la valentía y las ganas de vivir, le ha encontrado un sentido a su vida, sabe que está llamado a ser Santo y sabe que si logra que la vida de alguien o que el mundo mejora cualquier cosa gracias a sus acciones, lo está empezando a conseguir. Y en ese entonces, la felicidad bajará de su cuarto y el hombre la respirará. Se quedará con él para siempre y después de mucho trabajo y esfuerzo, vivirá feliz por siempre. Él ha seguido los pasos de Jesús el Nazareno, y al momento de morir, va a desear intensamente que en su epitafio se escriba: “Y tú ¿que haces con los brazos cruzados cuando el hombre más bueno del mundo murió con los brazos abiertos?”

The Man Who

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

hola aurelio!
pues dejame decirte q esta hermoso... lo escribiste tu???? pq si si te la bañaste =)
bueno niño ps nomas ando aki rapidin pq tengo algo de prisa jeje pero ps recordandote q cuentas conmigo, q te quiero mucho y q muchas gracias por estar en mi vida =) eres un super chavo y un gran amigo =)
cuidate mucho!
tqm!!
byee

mars

12:44 PM  
Anonymous Anónimo said...

olaaa niñoo komo stas?? bueno ps ya vine a ver tu blog y sta kon ganas escribes super bonito ya te lo habia dicho desde antes q esas palabras llegan y muchas gracias x todoooo te xtrañooo y ps ya a ver si nos vemos cuando vengas q noo falta muscho pero ps mientras te cuidas muscho y stams hablandooo
graciass
te kiere gordi.
bay

2:51 PM  
Anonymous Luisa said...

Helouu Aurielinni! jajaj...super bonitoo, te la bañaste! enserio, oseaa tu deberias ser escritor o no c, porq tienes don jaja, aprovechalo y sigue escribiendo ok?..bueno niño, espero q t este llendo suer bien, y pss ya ven a paka no??...te mandan saludos tmb el "avenito" jajajajaja....bueno sha me retiro, kuidate un chorooo y ay tamos hablando

9:13 PM  
Anonymous Anónimo said...

auri, escribes muy bonito en vdd... sigue asi que todo lo que escirbes lleva consigo un mensaje que te deja pensando, pero lo mejor de todo es que no se queda solo en pensamiento sino que se vuelve un deseo.. te quiero muchacho! nos vemos...
karen uzeta

6:17 PM  

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